El caso Konabot

martes, 2 de diciembre de 2008
El Konabot es un robot para manipulación de explosivos que se desarrolló en el laboratorio de robótica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, en un proyecto a cargo del Dr. Juan Santos. Se trata de un proyecto técnicamente avanzado que se hizo a pedido de la brigada de explosivos de los bomberos de la Policía Federal. El robot recibió en 2007 el Premio Innovar en Investigación Aplicada.

Está disponible en YouTube un video explicativo sobre el Konabot.

La polémica

A principios de septiembre de este año se difundió en los pasillos de la facultad que la misma había hecho efectiva la cesión de los derechos de desarrollo del Konabot a la empresa Robots del Sur, creada para tal fin por el inversor Tobías Schmukler (fundador de ITS, una empresa local de servicios informáticos). La transferencia de desarrollos realizados en la universidad pública al sector privado es considerada por muchos parte de la colaboración de la universidad con la sociedad que la sustenta. Sin embargo, los términos de la cesión resultaban curiosos, y más aún las palabras de Schmukler en una entrevista donde comentó las intenciones de su actual empresa Innova Tekné:
La ganancia se da a partir del desarrollo puntual del proyecto y de la venta posterior de esa empresa
A muchos nos chocaron estas ideas, puesto que pareciera que lo se iba a hacer era regalar a Schmukler un desarrollo nacional para que luego un consorcio extranjero lo compre, dejando así al Konabot fuera del alcance de los compradores nacionales y enriqueciendo al inversor.

Desde ya que las opiniones sobre este tema resultaron divididas, pero se armó un gran revuelo en la facultad por esta cuestión. Hay información mucho más completa en el post de PC++ donde comenté esto por primera vez.

Cómo terminó la historia

Hace unos días, llegó de Jorge Aliaga (decano de la facultad) el siguiente mail a la lista de alumnos:
Cuando se informó acerca del convenio, recibimos críticas de diversos sectores, donde se nos acusó de destruir la robótica en el país y las carreras científicas de los miembros en formación del grupo, de regalar las tecnologías generadas con fondos públicos, etcétera. También se atacó públicamente al inversor, tanto dentro como fuera de la Facultad.

Como consecuencia de todos los inconvenientes generados, Robots del Sur ha desistido de sus intenciones de iniciar sus actividades.

Quién esté interesado puede mirar el texto completo del mail, donde el propio decano hace un balance de la situación.

Una reflexión sobre lo ocurrido

¿Fue bueno o malo que el proyecto se echara atrás? ¿Se evitó una estafa a la universidad pública y a los investigadores que trabajaron con esfuerzo, o se evitó el desarrollo de una empresa nacional de tecnología? Sin lugar a dudas esto no está claro, y probablemente nunca se sabrá.

Lo que resulta evidente, al ver los resultados, es que la facultad, desde la incubadora de empresas, manejó muy mal la comunicación con la comunidad universitaria. Desde un punto de vista político operaron pésimamente: de forma casi repentina, varios de los investigadores se desayunaron que su trabajo estaba siendo regalado a un inversor privado, y se produjo una reacción violenta por parte de la comunidad estudiantil, pidiendo explicaciones a los responsables.

¿Qué fue lo que pasó? Yo entiendo que hay tres posibilidades:
  • El proyecto era realmente el manejo extraño que intentaron promover algunas agrupaciones de estudiantes.
  • El proyecto era honesto y bienintencionado, con la mala suerte de que se manejó muy mal la comunicación y el debate sobre la cesión de desarrollos públicos al sector privado, provocando una reacción desfavorable.
  • El proyecto era honesto y bienintencionado, pero se intentó promover por lo bajo, evitando llamar la atención de la comunidad con el objetivo de escapar a una inevitable reacción desfavorable.
Detengámonos sobre la última opción. Es sabido que en la universidad pública, un proyecto de privatización del desarrollo realizado en la facultad será recibido con el ceño fruncido. Es sabido que habrá quien intente sacar partido político oponiéndose a él. Es sabido que boicotear un proyecto polémico, con o sin razón, otorga rédito político a quién impulsa el boicot.

Es en función de esto que resultaría muy comprensible que las autoridades hayan tratado de evitar esta situación para lograr llevar a cabo el proyecto. Hay ahora quienes proclaman el éxito en ponerle freno a las políticas privatistas. Ahora bien, como comunidad, ¿ganamos algo? ¿Si logro martillarme la cabeza, lo puedo considerar un triunfo?

1 comentario:

Julio Jaime dijo...

Yo creo que hay mucha ideologia detras y esto ( tanto de izquierda como de derecha ) hace que las cosas o se paren o no avancen. Veamos el caso de Brasil, ellos tienen una economia bastante abierta, sin embargo fueron pragmaticos y no vendieron Petrobras.

En Argentina tenemos el sindrome del borracho, un paso a la izquierda ,otro a la derecha pero nunca por el centro.

La carta del lider del proyecto fue lapidaria respecto a las criticas que se le hicieron.

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